(Camay, Chioleiro, Filoso, Xaovín, Suboebaixo y Tantometén)
Soy José María Máiz Togores, natural de Santiago de Compostela, por lo que soy picheleiro, nombre coloquial que reciben los nacidos en la ciudad del Apóstol. A partir del siglo XV, cuando la industria del estaño estaba en auge en la capital gallega, de todos los objetos que fabricaban a partir de ese noble metal, el más afamado era el pichel, descrito en el Diccionario enciclopédico gallego-castellano de Eladio Rodríguez como un recipiente de estaño alto y redondo, más ancha la base que la boca y con tapa engoznada en el remate del asa.
Sí, Santiago, esa ciudad que hay que disfrutarla orballada (orballo=lluvia menuda). La piedra compostelana mojada adquiere una belleza ilimitada y la imagen del casco viejo, en las noches otoñales, se torna muy atractiva a la par que nostálgica. Esto no quiere decir que el sol escaralle (escarallar=estropear) el perfil de mi ciudad, no. Santiago es una ciudad hecha al agua. Llegar en tren, en avión, en coche o realizando el Camino y no tener un paraguas a mano te garantiza una mojadura más certera que la Boca della Veritá te pille en una mentira.
Nací en el sanatorio del doctor Julio Fernández de Santiago. Mientras mis familiares más cercanos, siempre acompañados por un paraguas de siete parroquias (extragrande en tamaño), observaban al recién venido al mundo y discutían irónicamente qué nombre ponerme, contaban entre ellos por enésima vez el chiste más antiguo de Compostela: en Santiago sólo hay dos estaciones: la de invierno y la del ferrocarril. Como buen gallego, diré que tal vez, quizá, al parecer, esto hoy está cambiando. Nací un quince de agosto y…¡¡¡lloviendo!!!
Todo ello, como digo, tras una animada controversia en torno al nombre que debía regir mis obras y pensamientos. Después de varias tirapuxas (tirapuxa=indirecta) entre dos o tres miembros de la familia se decidió que me pusieran José María Ramón Santiago. Los reflejos de mi padrino fueron extremos y supo adelantarse a un sonoro Gumersindo, que era el nombre del marido de mi madrina que había fallecido semanas antes. Y yo tan feliz en brazos de mi madrina, porque mi madre aún permanecía en el sanatorio, camino de la iglesia de Santa María Salomé donde fui bautizado en la intimidad familiar. La felicidad de este rapaz, según mis familiares, venía de la liberación o propulsión aerofágica, superior e inferior, que después de las comidas me dejaba radiante como lo que era, un inocente recién nacido.
El salto que voy a dar es propio de Serguéi Bubka cuando superó en pértiga casi sin despeinarse los míticos seis metros.
Mis estudios de grado medio, corramos un tupido velo, abarcaron cuatro colegios en diferentes zonas de Madrid: Agustinos, Estudio, Calderón de la Barca y Cardenal Cisneros. Este movimiento estudiantil se vio motivado por diferentes causas que iré explicando paulatinamente, pero que todo lector avezado podrá imaginar sin mucho esfuerzo. Irónicamente, hoy me llamarían emprendedor, pero en aquella época no existía esta palabra con el significado actual.
En mi faceta profesional (profesor de EGB y licenciado en Filología Hispánica) ejerzo, desde 1988, como profesor de Lengua y Literatura castellanas, en su tiempo lo fui de Literatura universal, en un inmejorable colegio concertado y privado de Madrid (JESÚS-MARÍA, calle Juan Bravo nº 13).
Allí he encontrado mi segunda casa y allí, acariciando con la yema de los dedos la jubilación, disfruto, me agoto, explico, convivo, examino, aconsejo, escucho, discuto y… En mí se produjo la paradoja de muchos profesionales: malos, regulares o normalitos estudiantes se tornan en excelentes profesores. No hay nada mejor que tocar el barro para luego saber explicar muy bien cómo se debe evitar la caída de un adolescente en el chapapote. Como decía Lope de Vega: quien lo probó lo sabe.
Mi profesión me encanta, me apasiona, me deja exhausto porque el adolescente es absorbente como el papel secante de antaño y me incita a mejorar día tras día. Educar es lo mismo / que poner un motor a una barca… / Hay que medir, pensar, equilibrar… / y poner todo en marcha. / Pero para eso, / uno tiene que llevar en el alma / un poco de marino… / un poco de pirata… / un poco de poeta… / y un kilo y medio de paciencia concentrada. / Pero es consolador soñar, / mientras uno trabaja, / que ese barco, ese joven, / irá muy lejos por el agua. / Soñar que ese navío / llevará nuestra carga de palabras / hacia puertos distantes, hacia islas lejanas. / Soñar que, cuando un día / esté durmiendo nuestra propia barca, / en barcos nuevos seguirá / nuestra bandera enarbolada. (Fermín Gainza).
Aunque, pasar por alto la humanidad y el bienestar del profesorado se traduce en consecuencias negativas para docentes, alumnado, centros y sistemas educativos. El cansancio, el estrés y el síndrome del trabajador quemado pueden provocar en el profesorado una falta de motivación, cambios en el rendimiento, enfermedad y el abandono de la profesión. También es relevante el hecho de que el bienestar del profesorado afecta el aprendizaje, bienestar y resultados de sus estudiantes. Las consecuencias son muy amplias como para ignorarlas y se debe prestar atención urgente a este asunto.
No voy a decir cómo se revela en mí la poesía y cómo navega, impulsada por el maldito Baudelaire, y otros muchos autores como César Vallejo o Luis Felipe Vivanco, hacia el poema en prosa. Los clásicos, en un principio, a los 15 años, se me cayeron de las manos. Leer a esa edad a Garcilaso de la Vega, a Quevedo, a Bécquer, el romancero viejo… fue duro, agotador y penoso porque, salvo la profesora de Literatura del Calderilla, nadie accesible me los pudo explicar pormenorizadamente, que es lo que yo exigía.
En tantas ocasiones, con tantos textos poéticos, he pensado en colgarlos ante tus ojos y veo que ha llegado el momento de hacerlo. Podrás leerlos cuando se asomen a tu pantalla, y tus ojos los juzgarán con severidad. Estas son palabras previas a mi primer blog. Hay diversas versiones de algunos de mis textos, que no contradicciones, eso también hay que tenerlo en cuenta. La reiterada lectura de Baudelaire me ha abierto los ojos hacia un tipo de composición que, lejos de una aparente facilidad, encierra un potente detonante de creatividad y sentimiento. Y lo mismo me ocurrió con Rilke, Vallejo, Gil de Biedma, Pessoa, Juan Ramón Jiménez…que, cuando los pude explorar, me autoflagelé con gruesas palabras semanas y semanas por no haberlos descubierto antes.
Estoupa en mí (explota, en gallego) el gallego en el valle de A Maía ―lugar que siempre hay que visitar de día por su esplendor plástico― y en Vedra ―junto al bizarro, mítico y embaucador Pico Sacro―, lugares en los que las familias de mis padres, en mis tiempos de niñez, adolescencia y juventud poseían respectivas fincas, La Peregrina y El Burgo, que son imborrables escenarios de unos larguísimos veranos llenos de familia, diversión y crecimiento, que no madurez. Llegábamos a mediados de junio y nos íbamos a finales de septiembre. Mamábamos la Galicia de la aldea con una fruición casi voluptuosa y guardo recuerdos imborrables de esos ininterrumpidos veranazos que se difuminaron cuando tuvimos que vender primero El Burgo y más tarde La Peregrina. Piensa que en mi época dorada (1958–1993) Bertamiráns comenzó con apenas doscientos habitantes y hoy en día tiene cerca de 10.000.
En distintos años tienen que ser vendidas por razones que nunca he querido explicar con claridad. Sé que esto puede molestar a ciertas personas, pero mi carácter, gobernado por un complace y una pusilanimidad innatos, siempre me troca en retraimiento y miedo las sensatas ganas de afrontar verbalmente ciertas situaciones conflictivas y dolorosas que he / hemos vivido.
El gallego me encandiló, más el gallego de aldea que el normativo, cuando oía a los parroquianos hablar con un dinguilindán (musicalidad gallega sencilla) que me embaucó y me apresó de modo irremediable. Mi familia era de fala castelá, por lo que era muy difícil aprender un gallego medianamente reglado. Además, hay que tener en cuenta que la primera gramática se publicó en 1976 con una difusión mínima en un principio. Hasta entonces, algunas celebridades se brindaron a publicar las características del gallego de su zona, pues era una lengua con muchísimas variedades, dado que no había ninguna institución que unificara todo en una gramática o en un vocabulario.
Hablaba antes de las dos fincas que mi familia poseía en los alrededores de Compostela. No hay resumen mejor: dos fincas, dos locus amoenus.
Estos alrededores de Santiago se recrean en su propia forma calmosa, serena e irrepetible. Es un trozo de tierra de nuestra madre Galicia que se muestra delante de sus campesinos con un sentimiento maternal y generoso. Es inagotable en la entrega cuando los labradores ‘bótanlle á terra’ la semilla en la época de la siembra. Esta tierra tiene una fuerza ancestral que le viene del latido de la lluvia menuda y constante. Son dos zonas, Vedra y Bertamiráns, que jamás dejan a nadie con las manos vacías. Cuando uno pasea por estas tierras se mezclan en el corazón las cuentas de un sempiterno rosario de callados sentimientos indescriptibles. Desde el privilegio y la alegría de oír o imaginar el mar en la lejanía cuando nos encontramos con el azul de su cielo, hasta ese regocijo que se desborda por nuestro pecho mientras respiramos el aire húmedo y orballado que abanica el amarillo del maíz menudo…
Sorprendentemente, conocí la música de Amancio Prada por medio de Víctor García Barba. Me enseñó un disco en el que musicaba el poeta y cantante leonés a poetas y autores gallegos. Rosalía de Castro es otra fichada después de escucharla con la música de Amancio Prada. Nada tenía que ver con la visión familiar de la poetisa gallega. No sé si esto es acertado, pero yo sólo conocía la Rosalía del lamento y la queja.
Amancio Prada centra en esos años su trabajo en el ámbito musical y literario, musicando poemas de autores como Rosalía de Castro, Álvaro Cunqueiro, además de la lírica popular gallega y la lírica trovadoresca galaico-portuguesa e incluso la obra en gallego de Lorca, en numerosas referencias discográficas y espectáculos que, sin duda, contribuyeron de una forma decisiva a universalizar las letras, la música y la cultura gallegas.
Con una torpeza inimaginable descubrí los versos de Cantares gallegos en un rincón de La Peregrina. No les otorgué el reconocimiento que tenían porque poca gente valoraba en su justa medida el verso rosaliano. ¿Y qué más da mi torpeza? Lo certero fue que hubo un antes y un después tras escuchar los poemas de Rosalía en voz de Amancio Prada.
En esas dos fincas se veneraban dos vírgenes (la virgen Peregrina y la virgen de las Ermitas).
Una, la primera, trasladada a una capilla nueva, después de la venta de la finca al concello de Ames en 1993, a unas decenas de metros en la misma carretera / avenida de José Luis de Azcárraga; otra, la segunda, habitada la finca en la actualidad, pero con un dueño no conocido por mí, según mis últimas informaciones. Ambas veneradas desde la distancia, ambas presentes en mi memoria. Sé que hay personas que dudan de mis palabras, aunque la vida son recuerdos y estos siempre son muy personales. Han sido tantos descubrimientos, vivencias, reprimendas, risas, diversiones, togoradas, maizadas, bermejadas, romerías, juegos, paramesadas, accidentes, llantos, estudios, ligoteos, discusiones, concursos… que es imposible establecer una clasificación por la importancia de cada uno de ellos. Los términos maizada, togorada, bermejada, paramesada… hacen referencia a la reunión, en una de las dos fincas, según el apellido, de los miembros de toda la familia con apellido Máiz, Togores, Bermejo o Paramés.
Mis pseudónimos literarios son Camay, Chioleiro, Filoso, Xaovín, Suboebaixo y Tantometén. Pensarás: ¡Qué horror! Seis pseudónimos o heterónimos para un aprendiz de escritor es una aventurada osadía. Pero cada uno de ellos tiene su certera razón de ser.
Abordo una pequeña explicación, cargada de verdad y fantasía, de cada uno de mis pseudónimos. Insustanciales razones para algunos que yo considero vitales y muy convenientes.
Camay. Era como me llamaba mi familia de pequeño. Coleó más de lo debido, pero siempre con cariño y afecto.
Chioleiro. En el camino o pista que llevaba a la romería o verbena de La Peregrina, el día de la fiesta mayor, se colocaban mujeres mayores con una mesita pequeña para vender rosquillas y otros tipos de dulces. Esta mesa se llamaba chiolo y chioleiro/a la persona que se encargaba de ella. De ahí el pseudónimo. Posteriormente me contaron que Chioleiro era el nombre de un asesino gallego. Lo abandoné, aunque en alguna ocasión lo retomo por el cariño que le tengo.
Filoso. Era el apodo de un tío mío. Cuando falleció me creí con la autoridad suficiente para adoptarlo. Lo he utilizado en diversas ocasiones.
Xaovín. En castellano, ya lo vi. En las décadas 90, 00 y 10 participé en muchos concursos literarios que me exigían un pseudónimo diferente. Un conocido de Vigo me dijo hace unos años, cuando participé en un nuevo premio literario, que eso denotaba inseguridad o un iluso afán de imitar a Fernando Pessoa. Han sido muchas personas las que me han puesto mil etiquetas agrias a lo largo de mi vida. ¡Y lo que queda! No niego que algunas de ellas han sido, quizá, provocadas por mí y por mis carencias en la comunicación. Quizá este pseudónimo denote cierta autosuficiencia. Ha caído en el desuso.
Suboebaixo. En castellano subo y bajo. Refleja mi carácter gallego. En tiempos pasados la gente decía que cuando uno se encontraba a un gallego en una escalera, no sabía si subía o bajaba. Me gusta mucho este pseudónimo porque resume muy bien mi lucha con los blogs.
Tantometén. Llega un día, hoy, ayer, por ejemplo, en el cual me da absolutamente igual todo lo que me digan, de ahí el último pseudónimo Tantometén (en gallego, no me importa nada). Ladran. Sólo son señal de que cabalgamos. Verso de Goethe y no de Cervantes. Todo aquello que antes me limitaba lo dejé atrás, ahora que ya no me importa nada, ni lo que nadie opine por fin puedo ser libre y feliz en verdad.
Compongo esta biografía literaria de toda mi obra con el fin de que el lector que quiera ―deseo imperiosamente que seas tú― pueda tener claro lo que he escrito, lo que escribo y lo que escribiré. No es propuesta fácil, pues tengo desperdigados por diferentes carpetas de mi ordenador numerosos textos. Algunos perdidos, advierto; otros, corregidos; y unos pocos, con el nombre de privado, que significa que nunca saldrán a la luz, nunca.
En ese caos de mesa de trabajo de mi dormitorio, junto a decenas y decenas de libros, en Díaz Porlier 43, en las madrugadas más frías me concentraba, o lo intentaba, para componer mis mejores versos, o corregir mil veces ese verso que no me gustaba nada.
Ciertos textos han sido revisados en multitud de ocasiones. Razón suficiente para que tú vuelvas a leerlos y puedas valorar si en mí hay una mayor madurez como escritor o todavía me vence esa tardoadolescencia que subyace en mí y que estropea todo lo que toca. ¿Edición definitiva? Por mi historial corrector, poco creíble esa calificación. Mañana ―cabe esa atribulada posibilidad― puedo crear otra biografía literaria. Con los mismos mimbres se pueden hacer diferentes cestos. La clasificación en algunos momentos es caótica y como mi memoria es frágil para algunas cosas, he tenido que proceder aplicando un criterio de un agente externo aplaudido por mí desde el primer momento. Creo que esta generosidad, se debe más bien a una falta de seguridad que a un afán clarificador. Escribir es reescribir la vida. Un amigo me dice que cada vez que escribimos o decimos una sola frase ya estamos reactuando. Y aquí me viene a la memoria las obras que representamos en la facultad, que reafirmaron mi idea de ser actor. En la salida de los actores de una obra de teatro de Buero Vallejo, allá en los ochenta en la calle Príncipe, un actor ―no recuerdo el nombre― me dijo que la escena estaba llena de grandes tímidos y que eso no podía ser un obstáculo, al contrario, debería ser un acicate. Y yo me pregunto: ¿Qué es un profesor?
MI OBRA-MIS LIBROS EN CASTELLANO
—A la sombra del verbo (Prosa) (1995–2025). (Este libro ha llegado a la meta)
—Nieblas y lembranzas (Prosa sobre Galicia y otros temas) (1995–2025). (Este libro ha llegado a la meta)
—Versos que no dije en voz alta (Poemas en prosa) (1995–2025). (Este libro ha llegado a la meta)
—Galicia entre cuentos (Prosa) (2007).
—Diccionario canalla, insolente y descarado (2025–2026).
—Hatroz (Prosa) (2025–2026).
—Peito de Bronce (Prosa) (2002).
Todos ellos los puedes leer en www.recuncar.com.
MI OBRA-MIS LIBROS EN GALLEGO
—Entrevistas surrealistas (2026)
—Fogar da niña escrita (prosa) (1995–2026)
—Imaxes comentadas por JMMT (2026)
—Se cadra, algún día me les (poemas en prosa) (1995–2026)
Todos ellos los puedes leer en www.orballar.com.
Muchas gracias, eternas diría yo, por haber llegado hasta aquí. Esto me alegra y me insufla los ánimos suficientes para seguir en la brecha.
Por otro lado, ya sabes qué es lo que te voy a pedir. Lo sabes.
Un link en mis blogs:
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Mis direcciones de correo electrónico son:
Madrid, 1 de enero de 2026
