BIOGRAFÍA LITERARIA DE JOSÉ MARÍA MÁIZ TOGORES

(Camay, Chio­lei­ro, Filo­so, Xao­vín, Suboe­bai­xo y Tan­to­me­tén)

Soy José María Máiz Togo­res, natu­ral de San­tia­go de Com­pos­te­la, por lo que soy piche­lei­ro, nom­bre colo­quial que reci­ben los naci­dos en la ciu­dad del Após­tol. A par­tir del siglo XV, cuan­do la indus­tria del esta­ño esta­ba en auge en la capi­tal galle­ga, de todos los obje­tos que fabri­ca­ban a par­tir de ese noble metal, el más afa­ma­do era el pichel, des­cri­to en el Dic­cio­na­rio enci­clo­pé­di­co galle­go-cas­te­llano de Ela­dio Rodrí­guez como un reci­pien­te de esta­ño alto y redon­do, más ancha la base que la boca y con tapa engoz­na­da en el rema­te del asa.

Sí, San­tia­go, esa ciu­dad que hay que dis­fru­tar­la orba­lla­da (orba­llo=llu­via menu­da). La pie­dra com­pos­te­la­na moja­da adquie­re una belle­za ili­mi­ta­da y la ima­gen del cas­co vie­jo, en las noches oto­ña­les, se tor­na muy atrac­ti­va a la par que nos­tál­gi­ca. Esto no quie­re decir que el sol esca­ra­lle (escarallar=estropear) el per­fil de mi ciu­dad, no. San­tia­go es una ciu­dad hecha al agua. Lle­gar en tren, en avión, en coche o rea­li­zan­do el Camino y no tener un para­guas a mano te garan­ti­za una moja­du­ra más cer­te­ra que la Boca della Veri­tá te pille en una men­ti­ra.

Nací en el sana­to­rio del doc­tor Julio Fer­nán­dez de San­tia­go. Mien­tras mis fami­lia­res más cer­ca­nos, siem­pre acom­pa­ña­dos por un para­guas de sie­te parro­quias (extra­gran­de en tama­ño), obser­va­ban al recién veni­do al mun­do y dis­cu­tían iró­ni­ca­men­te qué nom­bre poner­me, con­ta­ban entre ellos por enési­ma vez el chis­te más anti­guo de Com­pos­te­la: en San­tia­go sólo hay dos esta­cio­nes: la de invierno y la del ferro­ca­rril. Como buen galle­go, diré que tal vez, qui­zá, al pare­cer, esto hoy está cam­bian­do. Nací un quin­ce de agos­to y…¡¡¡lloviendo!!!

Todo ello, como digo, tras una ani­ma­da con­tro­ver­sia en torno al nom­bre que debía regir mis obras y pen­sa­mien­tos. Des­pués de varias tira­pu­xas (tira­pu­xa=indi­rec­ta) entre dos o tres miem­bros de la fami­lia se deci­dió que me pusie­ran José María Ramón San­tia­go. Los refle­jos de mi padrino fue­ron extre­mos y supo ade­lan­tar­se a un sono­ro Gumer­sin­do, que era el nom­bre del mari­do de mi madri­na que había falle­ci­do sema­nas antes. Y yo tan feliz en bra­zos de mi madri­na, por­que mi madre aún per­ma­ne­cía en el sana­to­rio, camino de la igle­sia de San­ta María Salo­mé don­de fui bau­ti­za­do en la inti­mi­dad fami­liar. La feli­ci­dad de este rapaz, según mis fami­lia­res, venía de la libe­ra­ción o pro­pul­sión aero­fá­gi­ca, supe­rior e infe­rior, que des­pués de las comi­das me deja­ba radian­te como lo que era, un ino­cen­te recién naci­do.

El sal­to que voy a dar es pro­pio de Ser­guéi Bub­ka cuan­do superó en pér­ti­ga casi sin des­pei­nar­se los míti­cos seis metros.

Mis estu­dios de gra­do medio, corra­mos un tupi­do velo, abar­ca­ron cua­tro cole­gios en dife­ren­tes zonas de Madrid: Agus­ti­nos, Estu­dio, Cal­de­rón de la Bar­ca y Car­de­nal Cis­ne­ros. Este movi­mien­to estu­dian­til se vio moti­va­do por dife­ren­tes cau­sas que iré expli­can­do pau­la­ti­na­men­te, pero que todo lec­tor ave­za­do podrá ima­gi­nar sin mucho esfuer­zo. Iró­ni­ca­men­te, hoy me lla­ma­rían empren­de­dor, pero en aque­lla épo­ca no exis­tía esta pala­bra con el sig­ni­fi­ca­do actual.

En mi face­ta pro­fe­sio­nal (pro­fe­sor de EGB y licen­cia­do en Filo­lo­gía His­pá­ni­ca) ejer­zo, des­de 1988, como pro­fe­sor de Len­gua y Lite­ra­tu­ra cas­te­lla­nas, en su tiem­po lo fui de Lite­ra­tu­ra uni­ver­sal, en un inme­jo­ra­ble cole­gio con­cer­ta­do y pri­va­do de Madrid (JESÚS-MARÍA, calle Juan Bra­vo nº 13). 

Allí he encon­tra­do mi segun­da casa y allí, aca­ri­cian­do con la yema de los dedos la jubi­la­ción, dis­fru­to, me ago­to, expli­co, con­vi­vo, exa­mino, acon­se­jo, escu­cho, dis­cu­to y… En mí se pro­du­jo la para­do­ja de muchos pro­fe­sio­na­les: malos, regu­la­res o nor­ma­li­tos estu­dian­tes se tor­nan en exce­len­tes pro­fe­so­res. No hay nada mejor que tocar el barro para lue­go saber expli­car muy bien cómo se debe evi­tar la caí­da de un ado­les­cen­te en el cha­pa­po­te. Como decía Lope de Vega: quien lo pro­bó lo sabe.

Mi pro­fe­sión me encan­ta, me apa­sio­na, me deja exhaus­to por­que el ado­les­cen­te es absor­ben­te como el papel secan­te de anta­ño y me inci­ta a mejo­rar día tras día. Edu­car es lo mis­mo / que poner un motor a una bar­ca… / Hay que medir, pen­sar, equi­li­brar… / y poner todo en mar­cha. / Pero para eso, / uno tie­ne que lle­var en el alma / un poco de marino… / un poco de pira­ta… / un poco de poe­ta… / y un kilo y medio de pacien­cia con­cen­tra­da. / Pero es con­so­la­dor soñar, / mien­tras uno tra­ba­ja, / que ese bar­co, ese joven, / irá muy lejos por el agua. / Soñar que ese navío / lle­va­rá nues­tra car­ga de pala­bras / hacia puer­tos dis­tan­tes, hacia islas leja­nas. / Soñar que, cuan­do un día / esté dur­mien­do nues­tra pro­pia bar­ca, / en bar­cos nue­vos segui­rá / nues­tra ban­de­ra enar­bo­la­da. (Fer­mín Gain­za).

Aun­que, pasar por alto la huma­ni­dad y el bien­es­tar del pro­fe­so­ra­do se tra­du­ce en con­se­cuen­cias nega­ti­vas para docen­tes, alum­na­do, cen­tros y sis­te­mas edu­ca­ti­vos. El can­san­cio, el estrés y el sín­dro­me del tra­ba­ja­dor que­ma­do pue­den pro­vo­car en el pro­fe­so­ra­do una fal­ta de moti­va­ción, cam­bios en el ren­di­mien­to, enfer­me­dad y el aban­dono de la pro­fe­sión. Tam­bién es rele­van­te el hecho de que el bien­es­tar del pro­fe­so­ra­do afec­ta el apren­di­za­je, bien­es­tar y resul­ta­dos de sus estu­dian­tes. Las con­se­cuen­cias son muy amplias como para igno­rar­las y se debe pres­tar aten­ción urgen­te a este asun­to.

No voy a decir cómo se reve­la en mí la poe­sía y cómo nave­ga, impul­sa­da por el mal­di­to Bau­de­lai­re, y otros muchos auto­res como César Valle­jo o Luis Feli­pe Vivan­co, hacia el poe­ma en pro­sa. Los clá­si­cos, en un prin­ci­pio, a los 15 años, se me caye­ron de las manos. Leer a esa edad a Gar­ci­la­so de la Vega, a Que­ve­do, a Béc­quer, el roman­ce­ro vie­jo… fue duro, ago­ta­dor y peno­so por­que, sal­vo la pro­fe­so­ra de Lite­ra­tu­ra del Cal­de­ri­lla, nadie acce­si­ble me los pudo expli­car por­me­no­ri­za­da­men­te, que es lo que yo exi­gía.

En tan­tas oca­sio­nes, con tan­tos tex­tos poé­ti­cos, he pen­sa­do en col­gar­los ante tus ojos y veo que ha lle­ga­do el momen­to de hacer­lo. Podrás leer­los cuan­do se aso­men a tu pan­ta­lla, y tus ojos los juz­ga­rán con seve­ri­dad. Estas son pala­bras pre­vias a mi pri­mer blog. Hay diver­sas ver­sio­nes de algu­nos de mis tex­tos, que no con­tra­dic­cio­nes, eso tam­bién hay que tener­lo en cuen­ta. La reite­ra­da lec­tu­ra de Bau­de­lai­re me ha abier­to los ojos hacia un tipo de com­po­si­ción que, lejos de una apa­ren­te faci­li­dad, encie­rra un poten­te deto­nan­te de crea­ti­vi­dad y sen­ti­mien­to. Y lo mis­mo me ocu­rrió con Ril­ke, Valle­jo, Gil de Bied­ma, Pes­soa, Juan Ramón Jimé­nez…que, cuan­do los pude explo­rar, me auto­fla­ge­lé con grue­sas pala­bras sema­nas y sema­nas por no haber­los des­cu­bier­to antes.

Estou­pa en mí (explo­ta, en galle­go) el galle­go en el valle de A Maía ―lugar que siem­pre hay que visi­tar de día por su esplen­dor plás­ti­co― y en Vedra ―jun­to al biza­rro, míti­co y embau­ca­dor Pico Sacro―, luga­res en los que las fami­lias de mis padres, en mis tiem­pos de niñez, ado­les­cen­cia y juven­tud poseían res­pec­ti­vas fin­cas, La Pere­gri­na y El Bur­go, que son imbo­rra­bles esce­na­rios de unos lar­guí­si­mos vera­nos lle­nos de fami­lia, diver­sión y cre­ci­mien­to, que no madu­rez. Lle­gá­ba­mos a media­dos de junio y nos íba­mos a fina­les de sep­tiem­bre. Mamá­ba­mos la Gali­cia de la aldea con una frui­ción casi volup­tuo­sa y guar­do recuer­dos imbo­rra­bles de esos inin­te­rrum­pi­dos vera­na­zos que se difu­mi­na­ron cuan­do tuvi­mos que ven­der pri­me­ro El Bur­go y más tar­de La Pere­gri­na. Pien­sa que en mi épo­ca dora­da (1958–1993) Ber­ta­mi­ráns comen­zó con ape­nas dos­cien­tos habi­tan­tes y hoy en día tie­ne cer­ca de 10.000.

En dis­tin­tos años tie­nen que ser ven­di­das por razo­nes que nun­ca he que­ri­do expli­car con cla­ri­dad. Sé que esto pue­de moles­tar a cier­tas per­so­nas, pero mi carác­ter, gober­na­do por un com­pla­ce y una pusi­la­ni­mi­dad inna­tos, siem­pre me tro­ca en retrai­mien­to y mie­do las sen­sa­tas ganas de afron­tar ver­bal­men­te cier­tas situa­cio­nes con­flic­ti­vas y dolo­ro­sas que he / hemos vivi­do.

El galle­go me encan­di­ló, más el galle­go de aldea que el nor­ma­ti­vo, cuan­do oía a los parro­quia­nos hablar con un din­gui­lin­dán (musi­ca­li­dad galle­ga sen­ci­lla) que me embau­có y me apre­só de modo irre­me­dia­ble. Mi fami­lia era de fala cas­te­lá, por lo que era muy difí­cil apren­der un galle­go media­na­men­te regla­do. Ade­más, hay que tener en cuen­ta que la pri­me­ra gra­má­ti­ca se publi­có en 1976 con una difu­sión míni­ma en un prin­ci­pio. Has­ta enton­ces, algu­nas cele­bri­da­des se brin­da­ron a publi­car las carac­te­rís­ti­cas del galle­go de su zona, pues era una len­gua con muchí­si­mas varie­da­des, dado que no había nin­gu­na ins­ti­tu­ción que uni­fi­ca­ra todo en una gra­má­ti­ca o en un voca­bu­la­rio.

Habla­ba antes de las dos fin­cas que mi fami­lia poseía en los alre­de­do­res de Com­pos­te­la. No hay resu­men mejor: dos fin­cas, dos locus amoe­nus.

Estos alre­de­do­res de San­tia­go se recrean en su pro­pia for­ma cal­mo­sa, sere­na e irre­pe­ti­ble. Es un tro­zo de tie­rra de nues­tra madre Gali­cia que se mues­tra delan­te de sus cam­pe­si­nos con un sen­ti­mien­to mater­nal y gene­ro­so. Es inago­ta­ble en la entre­ga cuan­do los labra­do­res ‘bótan­lle á terra’ la semi­lla en la épo­ca de la siem­bra. Esta tie­rra tie­ne una fuer­za ances­tral que le vie­ne del lati­do de la llu­via menu­da y cons­tan­te. Son dos zonas, Vedra y Ber­ta­mi­ráns, que jamás dejan a nadie con las manos vacías. Cuan­do uno pasea por estas tie­rras se mez­clan en el cora­zón las cuen­tas de un sem­pi­terno rosa­rio de calla­dos sen­ti­mien­tos indes­crip­ti­bles. Des­de el pri­vi­le­gio y la ale­gría de oír o ima­gi­nar el mar en la leja­nía cuan­do nos encon­tra­mos con el azul de su cie­lo, has­ta ese rego­ci­jo que se des­bor­da por nues­tro pecho mien­tras res­pi­ra­mos el aire húme­do y orba­lla­do que aba­ni­ca el ama­ri­llo del maíz menu­do…

Sor­pren­den­te­men­te, cono­cí la músi­ca de Aman­cio Pra­da por medio de Víc­tor Gar­cía Bar­ba. Me ense­ñó un dis­co en el que musi­ca­ba el poe­ta y can­tan­te leo­nés a poe­tas y auto­res galle­gos. Rosa­lía de Cas­tro es otra ficha­da des­pués de escu­char­la con la músi­ca de Aman­cio Pra­da. Nada tenía que ver con la visión fami­liar de la poe­ti­sa galle­ga. No sé si esto es acer­ta­do, pero yo sólo cono­cía la Rosa­lía del lamen­to y la que­ja.

Aman­cio Pra­da cen­tra en esos años su tra­ba­jo en el ámbi­to musi­cal y lite­ra­rio, musi­can­do poe­mas de auto­res como Rosa­lía de Cas­tro, Álva­ro Cun­quei­ro, ade­más de la líri­ca popu­lar galle­ga y la líri­ca tro­va­do­res­ca galai­co-por­tu­gue­sa e inclu­so la obra en galle­go de Lor­ca, en nume­ro­sas refe­ren­cias dis­co­grá­fi­cas y espec­tácu­los que, sin duda, con­tri­bu­ye­ron de una for­ma deci­si­va a uni­ver­sa­li­zar las letras, la músi­ca y la cul­tu­ra galle­gas.

Con una tor­pe­za inima­gi­na­ble des­cu­brí los ver­sos de Can­ta­res galle­gos en un rin­cón de La Pere­gri­na. No les otor­gué el reco­no­ci­mien­to que tenían por­que poca gen­te valo­ra­ba en su jus­ta medi­da el ver­so rosa­liano. ¿Y qué más da mi tor­pe­za? Lo cer­te­ro fue que hubo un antes y un des­pués tras escu­char los poe­mas de Rosa­lía en voz de Aman­cio Pra­da.

En esas dos fin­cas se vene­ra­ban dos vír­ge­nes (la vir­gen Pere­gri­na y la vir­gen de las Ermi­tas).

Una, la pri­me­ra, tras­la­da­da a una capi­lla nue­va, des­pués de la ven­ta de la fin­ca al con­ce­llo de Ames en 1993, a unas dece­nas de metros en la mis­ma carre­te­ra / ave­ni­da de José Luis de Azcá­rra­ga; otra, la segun­da, habi­ta­da la fin­ca en la actua­li­dad, pero con un due­ño no cono­ci­do por mí, según mis últi­mas infor­ma­cio­nes. Ambas vene­ra­das des­de la dis­tan­cia, ambas pre­sen­tes en mi memo­ria. Sé que hay per­so­nas que dudan de mis pala­bras, aun­que la vida son recuer­dos y estos siem­pre son muy per­so­na­les. Han sido tan­tos des­cu­bri­mien­tos, viven­cias, repri­men­das, risas, diver­sio­nes, togo­ra­das, mai­za­das, ber­me­ja­das, rome­rías, jue­gos, para­me­sa­das, acci­den­tes, llan­tos, estu­dios, ligo­teos, dis­cu­sio­nes, con­cur­sos… que es impo­si­ble esta­ble­cer una cla­si­fi­ca­ción por la impor­tan­cia de cada uno de ellos. Los tér­mi­nos mai­za­da, togo­ra­da, ber­me­ja­da, para­me­sa­da… hacen refe­ren­cia a la reu­nión, en una de las dos fin­cas, según el ape­lli­do, de los miem­bros de toda la fami­lia con ape­lli­do Máiz, Togo­res, Ber­me­jo o Para­més.

Mis pseu­dó­ni­mos lite­ra­rios son Camay, Chio­lei­ro, Filo­so, Xao­vín, Suboe­bai­xo y Tan­to­me­tén. Pen­sa­rás: ¡Qué horror! Seis pseu­dó­ni­mos o hete­ró­ni­mos para un apren­diz de escri­tor es una aven­tu­ra­da osa­día. Pero cada uno de ellos tie­ne su cer­te­ra razón de ser.

Abor­do una peque­ña expli­ca­ción, car­ga­da de ver­dad y fan­ta­sía, de cada uno de mis pseu­dó­ni­mos. Insus­tan­cia­les razo­nes para algu­nos que yo con­si­de­ro vita­les y muy con­ve­nien­tes.

Camay. Era como me lla­ma­ba mi fami­lia de peque­ño. Coleó más de lo debi­do, pero siem­pre con cari­ño y afec­to.

Chio­lei­ro. En el camino o pis­ta que lle­va­ba a la rome­ría o ver­be­na de La Pere­gri­na, el día de la fies­ta mayor, se colo­ca­ban muje­res mayo­res con una mesi­ta peque­ña para ven­der ros­qui­llas y otros tipos de dul­ces. Esta mesa se lla­ma­ba chio­lo y chioleiro/a la per­so­na que se encar­ga­ba de ella. De ahí el pseu­dó­ni­mo. Pos­te­rior­men­te me con­ta­ron que Chio­lei­ro era el nom­bre de un ase­sino galle­go. Lo aban­do­né, aun­que en algu­na oca­sión lo reto­mo por el cari­ño que le ten­go.

Filo­so. Era el apo­do de un tío mío. Cuan­do falle­ció me creí con la auto­ri­dad sufi­cien­te para adop­tar­lo. Lo he uti­li­za­do en diver­sas oca­sio­nes.

Xao­vín. En cas­te­llano, ya lo vi. En las déca­das 90, 00 y 10 par­ti­ci­pé en muchos con­cur­sos lite­ra­rios que me exi­gían un pseu­dó­ni­mo dife­ren­te. Un cono­ci­do de Vigo me dijo hace unos años, cuan­do par­ti­ci­pé en un nue­vo pre­mio lite­ra­rio, que eso deno­ta­ba inse­gu­ri­dad o un ilu­so afán de imi­tar a Fer­nan­do Pes­soa. Han sido muchas per­so­nas las que me han pues­to mil eti­que­tas agrias a lo lar­go de mi vida. ¡Y lo que que­da! No nie­go que algu­nas de ellas han sido, qui­zá, pro­vo­ca­das por mí y por mis caren­cias en la comu­ni­ca­ción. Qui­zá este pseu­dó­ni­mo deno­te cier­ta auto­su­fi­cien­cia. Ha caí­do en el desuso.

Suboe­bai­xo. En cas­te­llano subo y bajo. Refle­ja mi carác­ter galle­go. En tiem­pos pasa­dos la gen­te decía que cuan­do uno se encon­tra­ba a un galle­go en una esca­le­ra, no sabía si subía o baja­ba. Me gus­ta mucho este pseu­dó­ni­mo por­que resu­me muy bien mi lucha con los blogs.

Tan­to­me­tén. Lle­ga un día, hoy, ayer, por ejem­plo, en el cual me da abso­lu­ta­men­te igual todo lo que me digan, de ahí el últi­mo pseu­dó­ni­mo Tan­to­me­tén (en galle­go, no me impor­ta nada). Ladran. Sólo son señal de que cabal­ga­mos. Ver­so de Goethe y no de Cer­van­tes. Todo aque­llo que antes me limi­ta­ba lo dejé atrás, aho­ra que ya no me impor­ta nada, ni lo que nadie opi­ne por fin pue­do ser libre y feliz en ver­dad.

Com­pon­go esta bio­gra­fía lite­ra­ria de toda mi obra con el fin de que el lec­tor que quie­ra ―deseo impe­rio­sa­men­te que seas tú― pue­da tener cla­ro lo que he escri­to, lo que escri­bo y lo que escri­bi­ré. No es pro­pues­ta fácil, pues ten­go des­per­di­ga­dos por dife­ren­tes car­pe­tas de mi orde­na­dor nume­ro­sos tex­tos. Algu­nos per­di­dos, advier­to; otros, corre­gi­dos; y unos pocos, con el nom­bre de pri­va­do, que sig­ni­fi­ca que nun­ca sal­drán a la luz, nun­ca.

En ese caos de mesa de tra­ba­jo de mi dor­mi­to­rio, jun­to a dece­nas y dece­nas de libros, en Díaz Por­lier 43, en las madru­ga­das más frías me con­cen­tra­ba, o lo inten­ta­ba, para com­po­ner mis mejo­res ver­sos, o corre­gir mil veces ese ver­so que no me gus­ta­ba nada.

Cier­tos tex­tos han sido revi­sa­dos en mul­ti­tud de oca­sio­nes. Razón sufi­cien­te para que tú vuel­vas a leer­los y pue­das valo­rar si en mí hay una mayor madu­rez como escri­tor o toda­vía me ven­ce esa tar­doa­do­les­cen­cia que sub­ya­ce en mí y que estro­pea todo lo que toca. ¿Edi­ción defi­ni­ti­va? Por mi his­to­rial correc­tor, poco creí­ble esa cali­fi­ca­ción. Maña­na ―cabe esa atri­bu­la­da posi­bi­li­dad― pue­do crear otra bio­gra­fía lite­ra­ria. Con los mis­mos mim­bres se pue­den hacer dife­ren­tes ces­tos. La cla­si­fi­ca­ción en algu­nos momen­tos es caó­ti­ca y como mi memo­ria es frá­gil para algu­nas cosas, he teni­do que pro­ce­der apli­can­do un cri­te­rio de un agen­te externo aplau­di­do por mí des­de el pri­mer momen­to. Creo que esta gene­ro­si­dad, se debe más bien a una fal­ta de segu­ri­dad que a un afán cla­ri­fi­ca­dor. Escri­bir es rees­cri­bir la vida. Un ami­go me dice que cada vez que escri­bi­mos o deci­mos una sola fra­se ya esta­mos reac­tuan­do. Y aquí me vie­ne a la memo­ria las obras que repre­sen­ta­mos en la facul­tad, que reafir­ma­ron mi idea de ser actor. En la sali­da de los acto­res de una obra de tea­tro de Bue­ro Valle­jo, allá en los ochen­ta en la calle Prín­ci­pe, un actor ―no recuer­do el nom­bre― me dijo que la esce­na esta­ba lle­na de gran­des tími­dos y que eso no podía ser un obs­tácu­lo, al con­tra­rio, debe­ría ser un aci­ca­te. Y yo me pre­gun­to: ¿Qué es un pro­fe­sor?

MI OBRA-MIS LIBROS EN CASTELLANO

—A la som­bra del ver­bo (Pro­sa) (1995–2025). (Este libro ha lle­ga­do a la meta)

—Nie­blas y lem­bran­zas (Pro­sa sobre Gali­cia y otros temas) (1995–2025). (Este libro ha lle­ga­do a la meta)

—Ver­sos que no dije en voz alta (Poe­mas en pro­sa) (1995–2025). (Este libro ha lle­ga­do a la meta)

—Gali­cia entre cuen­tos (Pro­sa) (2007).  

—Dic­cio­na­rio cana­lla, inso­len­te y des­ca­ra­do (2025–2026). 

—Hatroz (Pro­sa) (2025–2026).

—Pei­to de Bron­ce (Pro­sa) (2002). 

Todos ellos los pue­des leer en www.recuncar.com

MI OBRA-MIS LIBROS EN GALLEGO

Entre­vis­tas surrea­lis­tas (2026)

Fogar da niña escri­ta (pro­sa) (1995–2026)

Ima­xes comen­ta­das por JMMT (2026)

Se cadra, algún día me les (poe­mas en pro­sa) (1995–2026)

Todos ellos los pue­des leer en www.orballar.com.

Muchas gra­cias, eter­nas diría yo, por haber lle­ga­do has­ta aquí. Esto me ale­gra y me insu­fla los áni­mos sufi­cien­tes para seguir en la bre­cha.

Por otro lado, ya sabes qué es lo que te voy a pedir. Lo sabes.

Un link en mis blogs:

www.recuncar.com

www.orballar.com

Lue­go se lo pasas a tus ami­gos, fami­lia­res… y así le das un empu­jón para que se sus­cri­ban. ¡¡¡Mil gra­cias!!!

Muchas gra­cias, eter­nas diría yo, por haber lle­ga­do has­ta aquí. Esto me ale­gra y me insu­fla los áni­mos sufi­cien­tes para seguir en la bre­cha.

Mis direc­cio­nes de correo elec­tró­ni­co son:

jmmaiz@telefonica.net 

maiztogores@gmail.com

Madrid, 1 de enero de 2026

Share