ENTRE SOMBRAS Y SILENCIOS

A veces, en los momen­tos tran­qui­los del día, me sor­pren­do a mí mis­mo escon­di­do detrás de una voz que no ter­mi­na de salir. Sien­to un impul­so interno que quie­re hablar, aso­mar­se, res­pi­rar… pero se detie­ne jus­to antes, como si le die­ra ver­güen­za mos­trar­se por com­ple­to. Me cubro con una espe­cie de nie­bla sua­ve que apa­ga mis ges­tos y mis pala­bras, mien­tras mi cora­zón late tran­qui­lo, cui­dán­do­se, espe­ran­do su momen­to.

Las pala­bras vie­nen a mí, revo­lo­tean inquie­tas, pero no se ani­man a tomar vue­lo. Mis ojos bus­can refu­gio en el sue­lo, como si allí pudie­ran ocul­tar­se del mun­do. Y mis susu­rros, peque­ños y frá­gi­les, se que­dan atra­pa­dos en mis dudas, nave­gan­do en ese mar interno que a veces me sobre­pa­sa.

Aun así, den­tro de ese silen­cio hay algo valio­so. Un peque­ño mun­do ínti­mo, deli­ca­do y hones­to, que flo­re­ce en lo pro­fun­do. Allí guar­do lo que soy, lo que toda­vía no mues­tro, lo que espe­ra el ins­tan­te jus­to para abrir­se sin temor. Es un lugar don­de mi apa­ren­te fra­gi­li­dad se trans­for­ma en fuer­za, don­de mi sin­ce­ri­dad bri­lla sin nece­si­dad de hacer rui­do.

Entien­do que la timi­dez no es un muro: es una puer­ta. Y detrás de ella hay un cora­zón vibran­te, que desea ser vis­to y abra­za­do tal como es. Aun­que a veces me escon­da entre som­bras y silen­cios, sé que por den­tro se está ges­tan­do un des­per­tar. Lle­ga­rá el día en que mis pala­bras dejen de tem­blar, en que mis ojos se levan­ten hacia el mun­do, y en que mi voz flu­ya sin con­te­ner­se.

Por­que en mí, detrás de esa bru­ma, vive una ver­dad que no se apa­ga: mi silen­cio tam­bién habla, y mi timi­dez no es más que el paso pre­vio para mos­trar un cora­zón que, cuan­do se atre­ve, ilu­mi­na sin esfuer­zo. (Ver­sos que no dije en voz alta) (1995–2025)

 

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