DESPEDIDA

Te levan­tas­te calla­da, heri­da y des­nu­da, mien­tras yo con­su­mía un géli­do café que me lle­vó al paraí­so de los orgas­mos sin pla­cer. Me miras­te con ojos inmi­se­ri­cor­des lle­nos de una cadu­ca luju­ria. Tu tiem­po pasó, me dijis­te con una mez­cla de indig­na­ción y con­des­cen­den­cia. Y yo me lo creí con la gene­ro­si­dad de los pusi­lá­ni­mes derro­ta­dos. Me dejas­te solo. Aún sigo así. (Ver­sos que no dije en voz alta) (1995–2025)

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