RAZONES «SURREALISTAS» POR LAS QUE YO ESCRIBO POEMAS EN PROSA

En el rei­no flo­tan­te entre la pala­bra y el silen­cio, los poe­mas en pro­sa surrea­lis­tas son cria­tu­ras ambi­guas: no son del todo ver­so, pero tam­po­co pro­sa libre; exis­ten como peces que res­pi­ran aire, nadan­do en ríos de sin­ta­xis para for­mar una alqui­mia emo­cio­nal que desa­fía la lógi­ca lineal.

Un poe­ma en pro­sa surrea­lis­ta no se dis­cul­pa por su for­ma: se des­li­za sin rima, pero con músi­ca secre­ta. Su gené­ti­ca es caó­ti­ca: nace del sue­ño, de la intui­ción, y a veces del que os habla que sue­ña pala­bras. Es el dia­rio ínti­mo de lo absur­do, don­de una silla pue­de llo­rar y un reloj pue­de hablar en dos len­guas que no cono­cen.

El surrea­lis­mo abra­za lo incons­cien­te, y el poe­ma en pro­sa es su mejor cons­pi­ra­dor. André Bre­ton lo enten­de­ría como un acto de rebel­día sin­tác­ti­ca, don­de los sig­ni­fi­ca­dos se eva­po­ran antes de ate­rri­zar. Se reve­la en imá­ge­nes ines­pe­ra­das: «El cuchi­llo pen­só en la luna, y el espe­jo ladró cuan­do vio a mi nos­tal­gia llo­rar». ¿Tie­ne sen­ti­do? No. ¿Tie­ne ver­dad? Abso­lu­ta­men­te.

Estas obras no bus­can cla­ri­dad, no van diri­gi­das a su com­pren­sión lógi­ca, no, bus­can la des­orien­ta­ción lúci­da. Las pala­bras se reúnen como insec­tos alre­de­dor de una bom­bi­lla fun­di­da: atraí­das por una luz que no exis­te ya y no se pue­de tocar. En lugar de des­cri­bir la reali­dad, la des­fi­gu­ran para que poda­mos ver­la más pro­fun­da­men­te.

Así, el poe­ma en pro­sa surrea­lis­ta es una máqui­na de atmós­fe­ras, un espe­jo sin for­ma, un gato que escri­be con tin­ta de luna.

Ejem­plo de poe­ma en pro­sa surrea­lis­ta

El para­guas sue­ña con el océano. No por agua, sino por olvi­do. En su tela se escon­den las car­tas que nun­ca lle­gan, escri­tas por manos que no exis­ten. Cuan­do lo abras, llo­ve­rá den­tro. (Ver­sos que no dije en voz alta) (1995–2025)

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