La noche que llevo dentro no llega con estrellas ni con luna: llega en silencio, con el peso frío de un abrigo que no encuentro. Es un cuarto sin ventanas donde mis pensamientos se vuelven faroles apagados; es la paciencia de un reloj que ha olvidado su tic, el rumor lento de la sangre que conoce atajos en la sombra.
Camina por mis venas como quien recita un poema en idioma ajeno: sabe de horarios, de despedidas, de nombres que ya no encajan en la boca. A veces se sienta en la orilla de mi lengua y me sopla las preguntas que nunca aprendí a responder; otras, se acuesta en mi pecho y me enseña a escuchar el latido como si fuese un mapa.
Hay en esa noche un país de pequeñas certezas: la lámpara que rehúso encender, la silla que siempre queda vacía, el olor a libro cerrado. Pero también hay feroces escondites: risas escondidas en un pliegue, una música que aparece al azar y me devuelve un instante que pensé perdido. No pretende destruirme: apenas ordena mis pensamientos en fila, les pide que se miren la cara y, si quieren, que se abracen.
Cuando aparece la mañana ―y a veces no aparece― la noche que llevo dentro no se va del todo; se queda como un huésped prudente que guarda mi abrigo y me deja salir con la promesa de volver. Y yo camino con ella, enseñándole las aceras, mostrándole la luz que conozco, aprendiendo a nombrarla sin pedir permiso para dormir. (Versos que no dije en voz alta) (1995–2025)
Mucho ánimo!!! 👏 👏 👏