Hoy el día se estrelló. / La luna inunda la ciudad. / Durmiendo oí tu voz. / Si es un sueño, miro, y tú no estás. (Grité una noche, Antonio Vega)
En el mes de agosto de un año que no recuerdo, lo tenía todo preparado para enviar este texto a un concurso literario que había convocado una organización de profundas raíces gallegas, pero… a última hora, caí en el pozo de la prédica de una persona muy influyente para mí… y, daquela, este texto pasó a dormir en la carpeta de las frustraciones literarias. Yo no lo votaría nunca porque es lacrimógeno en exceso. Las palabras de este árbitro y sentenciador visionario me hundieron en la miseria literaria porque, en aquella época, hacía caso a todo consejo, viniera de donde viniera. Hoy, no. Lo he rehecho y, en recuerdo del dichoso y afamado juez ―hoy, fallecido― he aumentado su pulso gimiente y lacrimoso de un modo intencionado dejando a Bécquer en el banquillo de los suplentes.
GRITÉ UNA NOCHE
Hay noches que no callan. Noches que no duermen, que se extienden como niebla sobre la piel de la memoria, que nos hablan en voz baja y nos piden que escuchemos. Este texto nace de esa escucha. Hecho de silencios rotos, de palabras que brotan en la oscuridad, de sentimientos escritos cuando el mundo parece ausente.
Galicia es el telón de fondo, pero también es protagonista. Está presente en cada letra, en cada imagen, en cada aliento. Es la tierra que me vio nacer, que me formó junto con Madrid, que me enseñó a nombrar el amor, el desamor, la morriña, la esperanza, la sonrisa, la herida y el consuelo. Galicia es la piedra mojada que me hace recordar, el mar que me murmura en silencio, el monte que me observa y la lengua que me hace latir.
Estoy haciendo un canto íntimo a mi tierra, pero también un diálogo con ella sobre lo que siente, lo que ama, lo que pierde, lo que busca.
Es un mapa emocional, un haz de luces y sombras, un conjunto de pulsos escritos sin reloj. En estas líneas hay alegría, dolor, contemplación y rabia. Sueño con estar al lado de una lareira o en un vagón de tren camino de Breogán, pero no en medio de esta noche insomne. Escribo sin máscara, sin artificio, sin miedo a mostrar lo que duele y lo que salva y a golpe de sangre.
El amor, el desamor y sus abismos. La morriña como hilo que une tiempos y personas, como bruma que no se disuelve. Sueño sin dormir con encuentros, despedidas, cuerpos que se buscan y almas que se pierden. Hay versos que quieren ser bálsamo, otros que son herida abierta. Pero lo tengo claro: «quiero dormir contigo, Galicia».
Escribo de noche como lugar donde todo se intensifica. En la noche escribo, escucho el latido de la casa que ya no existe, el rumor del viento que me habla y palpo el silencio de quienes ya no duermen. En la noche siento que puedo ser más yo, que puedo abrirme sin temor, y que puedo gritar sin que nadie me calle.
En definitiva, esta narración es un acto de resistencia emocional, una forma de decir que la belleza existe, que el dolor puede ser nombrado, que la palabra puede salvar. Si te he tocado en algo, si estas líneas te recuerdan a algo, si alguna palabra te devuelve una emoción olvidada, entonces este texto habrá cumplido su destino.
Gracias por llegar hasta aquí. Gracias por caminar conmigo entre sombras y luces, con la ayuda de este faro, soy una mano tendida, y gracias por la noche que nos une. (A la sombra del verbo) (1995–2025)

Mucho ánimo!!! 👏 👏