OTRA VEZ MI SOLEDAD

Otra vez regre­so a mi sole­dad como quien vuel­ve a una habi­ta­ción cerra­da des­de den­tro. La noche pelea con­mi­go y me ofre­ce, como úni­co com­ba­te, la orfan­dad y el des­am­pa­ro. Si supie­ras invi­tar­me —aun­que fue­se sin nom­bre, sin pro­me­sa— a un pla­cer dis­cre­to, de puer­tas que no cru­jen, qui­zá me deja­ría lle­var has­ta una altu­ra don­de el gozo no nece­si­ta tes­ti­gos. Dime que esa feli­ci­dad será solo mía, que nadie más sabrá pro­nun­ciar­la. Por­que debes enten­der que mi fide­li­dad a esta cau­ti­vi­dad es tan autén­ti­ca como la ban­de­ja de entra­da de un correo lle­na de invi­ta­cio­nes que nun­ca acep­té, men­sa­jes fríos que no lle­ga­ron a ser pala­bra. (Ver­sos que no dije en voz alta) (1995–2025)

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