
Aquí estoy yo, recién salido del cascarón adolescente, tan joven que la edad se delata sin piedad en la calidad dudosa de la foto. Sentado a la mesa, comiendo con un grupo de amigos y absolutamente convencido de que la vida era, básicamente, esto: una mesa bien servida, buena compañía y cero responsabilidades en el horizonte. Creo que en El Escorial. La ropa era la que tocaba —sin criterio, pero con orgullo—, el peinado una apuesta valiente y sin marcha atrás, y la sonrisa la de un joven que aún no tenía ni la más remota idea de todo lo que le venía encima… y, sinceramente, tampoco lo necesitaba.
Hablábamos alto, como si el mundo tuviera que enterarse de nuestras conversaciones, reíamos todavía más y vivíamos con la firme certeza de que el futuro, de alguna manera misteriosa, ya se las apañaría solo. No había prisa, no había miedo y las preocupaciones, que las había, quedaban siempre para «mañana», ese mañana que nunca llegaba.
Salgo solo en la foto porque los colegas de mesa son gente discreta, gente del «comité de los premium» que en la actualidad no quieren airearse en público no vayan a ser reconocidos y son cazados por algún avezado paparazzi.
En un acto de empatía, en la foto me pongo una servilleta en la cabeza con la intención de no destacar demasiado, y salvar el anonimato del grupo de los paparazzi.
Hoy miro esa foto con retranca, con mucha ternura y una sonrisa cómplice, porque aquel muchacho no sabía absolutamente nada de la vida… pero, sin darse cuenta, estaba cursando un máster exprés en amistad, risas interminables y momentos sencillos que, con el tiempo, han acabado valiendo más que cualquier sobremesa larga o cualquier plan sofisticado. Y oye, no salió tan mal la jugada. (Imágenes comentadas por JMMT)

https://polldaddy.com/js/rating/rating.js
https://polldaddy.com/js/rating/rating.js No puedo decir otra cosa: 😂😂😂 ¡¡¡Es genial!!! 👏 👏 👏
https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsLa sonrisa del chaval es increíble!!!