Se miró al espejo y se dijo: «Nadie me merece». No lo dijo con tristeza, sino con una arrogancia que disfrazaba su miedo. Se veía a sí mismo como un dios de mármol, perfecto en forma, pero incapaz de amar sin pedestal. Quería ser admirado, no tocado. Y así, se convirtió en una estatua rodeada de ecos, sin manos que lo abrazaran ni corazones que lo entendieran. (Poetario) (Obra completa de poemas en prosa) (1994-2026)
Opiniones de los lectores
Nota: 0 sobre 5 😉 0 voto(s)
