El artículo 200 no irrumpe en este blog con una dosis añadida de «hiperactividad» ni pretende ser una celebración al estilo de la fastuosa boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez. No marca un hito ruidoso ni altera el ritmo con el que escribo desde mi «tardojuventud». Aparece con la misma calma con la que llegan los recuerdos o la lluvia en Galicia: sin urgencia, sin dramatismo. El número solo pide ser mirado un instante, como se mira un paisaje conocido al que se vuelve sin saber muy bien por qué.
Doscientos textos comparten un mismo pulso pausado. Son narraciones que se detienen más de lo necesario, pensamientos que regresan al pasado como si visitaran una casa cerrada desde hace años. Hay poemas en prosa que dudan de sí mismos, pero permanecen, y fragmentos de una novela que no avanza, más interesada, sin causa aparente, en quedarse sola en el umbral de la presentación que en cruzar definitivamente la puerta de una atractiva trama.
Reconozco que el artículo anterior ―el de Roma en verano― fue extenso, parsimonioso y exigente en la atención. Su lentitud no es descuido, sino una decisión expresiva: construir un clima y mostrar la desconexión entre los personajes. No todo el mundo está dispuesto a caminar despacio cuando aparentemente no sucede nada. El 200 continúa en esa línea: no es ligero, no promete acción ni giros espectaculares. No lo protagoniza un héroe de cine, sino alguien obstinado en las emociones, alguien que insiste en mirar y sentir. Como todo antihéroe.
Este blog nunca ha querido funcionar como un relato acelerado. Está un poco anquilosado, observa la vida con morosidad y vuelve remolón una y otra vez sobre los mismos temas: Galicia, la memoria emocional, el amor y su ausencia, la soledad entendida no como herida sino como atmósfera de creación. Es una escritura consciente de su lentitud, que no se defiende con violencia narrativa, sino con persistencia.
A veces pienso que debería escribir textos más dinámicos, más adaptados al tiempo vertiginoso del lector y de la celeridad de nuestra sociedad. A veces siento que escribo como quien contempla el mar sin atreverse a zambullirse. Y aun así continúo, porque no sé hacerlo de otro modo, porque incluso cuando la palabra no brilla sigue siendo el lugar al que regreso.
Quienes leen este blog son esenciales para mí. No por su número, sino por su disposición. Aceptar un ritmo lento y una prosa que no siempre seduce, pero que intenta ser honesta, tiene un mérito inmenso. Algunos textos nacen de duras experiencias vividas ―el de la depresión― y han sido escritos con absoluta fidelidad a lo que mi hermana y yo vivimos. Es real que ha sufrido mil correcciones, pero ninguna de ellas ha violentado su núcleo temático.
El número 200 no cierra nada. El dos alude al encuentro entre quien escribe y quien lee; los ceros, a lo que permanece abierto, a lo que aún no sé si escribiré. Es un número suspendido.
Sigo haciéndome la misma pregunta: ¿Vale la pena escribir? No busco éxito ni recompensas visibles. Sé que no las merezco. Escribo porque las palabras me ordenan, porque hay imágenes que necesitan ser nombradas para existir y silencios que solo se vuelven habitables cuando los escribo. Tal vez no ilumine mucho, pero esta escritura señala que hay alguien aquí.
Y antes de cerrar este artículo 200, queda lo esencial. A quienes leen y siguen ahí, incluso cuando los textos se alargan, cuando el ritmo es lento y lo que se ofrece es apenas una voz que camina entre la niebla, gracias. Leer aquí es un gesto paciente, una forma de acompañar sin ruido, como quien atraviesa un paisaje conocido sabiendo que no habrá prisa ni espectáculo. Pessoa escribe que vivir es ser otro, y quizá leer sea eso mismo: aceptar por un instante una memoria que no es propia. Rilke pide vivir las preguntas, y eso hacen quienes permanecen, avanzando sin exigir respuestas. Y Cunqueiro nos recuerda que la realidad solo se sostiene cuando la palabra la vuelve imaginable, cuando la memoria se mezcla con la invención y el mundo se deja contar. Que sigáis ahí, en esta brecha tranquila de lectura y niebla, es la prueba más hermosa de que escribir, incluso así, incluso despacio, a veces compensa.

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https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsEnhorabuena!!! Mil gracias por tu esfuerzo, tu buen hacer. Nunca he comentado nada, pero leo siempre tus artículos. Bss
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https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsMe encanta cómo escribes!!! Mil gracias y… a por los 400!!!👏👏👏👏. Bss.
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https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsLa pura realidad. 👌 Es un poco largo. Pero a mí me gusta. 👏
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https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsEl 250 está cerca… ¿Vamos a por el 300?
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https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsFantástico, José María. Vale la pena escribir, vale la pena que escribas y vale la pena leerte. Un abrazo.
Si yo sigo, te seguiré por lo menos hasta el 400.
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