DOSCIENTAS ENTRADAS Y UN FUNERAL DIGITAL
4.3 (4)

(En primer lugar, pedirte perdón de todas las formas posibles que te puedas imaginar por los casi doscientos correos que te llegaron el otro día con nocturnidad y alevosía). 🥺😢😔🙏🤍🤝🫶

(Me gustaría que vieras y leyeras esta entrada por la web http://www.recuncar.com. El cómputo de las visitas, que no tiene el correo, me ayuda en el mantenimiento del blog. Además, al final de cada texto, puedes valorarlo, de 1 a 5, clicando en unas jarritas de cerveza. Esto también es una ayuda personal sobre la aceptación de lo que cuelgo). Por otro lado, en la web, tienes a tu disposición dos enlaces que te llevan a http://www.poetario.com (poemas prosa en castellano) y a http://www.orballar.com (obra en gallego). Anímate y clica en ellos.

Hace unos días protagonicé ―no fui previsor y no me puse ese traje de neopreno de bloguero que guardo sin estrenar en el armario― una de esas gestas tecnológicas que merecen placa conmemorativa… o al menos un tutorial titulado «Qué no hacer jamás». WordPress ya tiene reservado el espacio para colgarlo en youtube. La duda es si poner mi voz de fondo. Yo me he negado, aunque tenga mi dignidad digital por los suelos, porque no quiero caer más bajo, que sí podría sin mucho esfuerzo.

Convencido de que tenía el blog en modo «próximamente» ―es decir: persiana bajada, luces apagadas, sin envío de correos y yo dentro hablando solo―, me lancé, con la seguridad del que no ha comprobado absolutamente nada, a importar decenas y decenas de entradas que tenía, y tengo, en otros blogs.

Mi brillante plan era ordenar la trastienda en silencio. Una especie de mudanza literaria nocturna, con calcetines en los pies para no hacer ruido digital al vecino, es decir, a ti.

Porque, claro, lo que pensaba —y sigo pensando, porque tropezar no quita la ilusión— era centrar toda mi creación literaria en un solo blog: recuncar.com. Así que, ni corto ni perezoso (más bien corto de luces y largo de entusiasmo), exporté las 110 entradas de poetario.com (mis poemas en prosa en castellano) y los 47 de orballar.com (mis textos y poemas en gallego) a recuncar.com. El plan era perfecto: una entrada posterior en la que te anunciaba que «yo había obrado el milagro» sin molestarte en absoluto.

En mi cabeza, aquello era una incorporación silenciosa, elegante, casi invisible. Un ninja del contenido, porque creía que iba a hacerlo con sigilo, finura y sin levantar sospechas. En la realidad, fue más bien una mascletà premiada en las últimas Fallas.

WordPress —siempre atento, siempre diligente y siempre dispuesto a dejarme en evidencia— entendió que aquello estaba perfectamente abierto al público y decidió compartir mi «discreción» contigo, querido suscriptor.

Resultado: casi doscientas entradas aterrizando en tu correo con la delicadeza de un piano desafinado cayendo desde un quinto piso.

Diez personas, con toda la lógica del mundo, pensaron que aquello no era un blog sino un brote psicotécnico, y se dieron de baja con una inmediatez que aún hoy me asusta. No puedo culparlas. Yo también habría bloqueado a alguien como yo.

Así que vengo a pedirte disculpas por este pequeño apocalipsis por entregas, este experimento sociológico no solicitado, este alarde de desconocimiento del funcionamiento de WordPress, que debería estudiarse en academias y en tugurios nocturnos por ser la letra de una canción que «petaría» en el Festival de Eurovisión.

Sin saber cuánto tiempo habitarán en mi memoria, he aprendido varias cosas importantes:

1.- «Próximamente» no significa «público». Significa que nadie verá esto jamás, ni aunque invoques a los dioses del CMS, esos que manipulan los misteriosos mecanismos de WordPress. Y «Público» significa eso, que lo verá y le llegará a todo el mundo. Mi falsa certeza sin comprobación me llevó, confiado y con aire de chulapo madrileño en mi gesta casi cidiana, a obcecarme que estaba en «Próximamente». Los de wordpress y sus poderes taumatúrgicos siempre encuentran una forma de dejarme en ridículo. Sólo sé que los hados del panel de control me manipularon en la sombra para que yo confundiera ambos términos.

2.- Importar casi doscientas entradas no es una actividad discreta, aunque lo hagas en zapatillas, calcetines gruesos, delirios de relojero suizo, conteniendo la respiración y con auténtica vocación de contrabandista informático. Es una actividad que requiere traje de gala y vigilantes de máxima categoría.

3.- He confirmado que mi autoconfianza en cuestiones técnicas no es una virtud, es una actividad temeraria que debería practicarse con casco, seguro y personal de emergencia en las inmediaciones. Ya me he percatado y he enviado un correo al experto en riesgos laborales.

Gracias a ti, que sigues ahí pese a este episodio de spam involuntario con pretensiones literarias.

Si ya has decidido darte de baja en los próximos días, me gustaría pedirte un último gesto, pequeño, pero muy valioso para mí. Te agradecería mucho que me escribieras a jmmaiz@telefonica.net y me contaras, con total libertad, el motivo de tu decisión.

Acepto cualquier forma de respuesta: desde la más directa y personal hasta la más literaria; desde una observación breve y precisa hasta una reflexión más íntima o elaborada. Toda palabra será bienvenida.

No hay en ello afán de réplica ni intento de enmienda tardía, sino un deseo sincero de comprender. Conocer las razones de tu marcha es, probablemente, la manera más honesta y eficaz de reconocer mis errores —que no son pocos— y aprender de ellos.

Te leeré con atención, con gratitud y, sobre todo, con el respeto que merece toda franqueza.

Gracias por el tiempo compartido y por la sinceridad que, si así lo deseas, aún quieras regalarme.

De nuevo, disculpa el bombardeo. Fue torpeza, no estrategia. Aunque reconozco que, como performance caótica, no estuvo mal del todo. (De Apuntes de una luz crepuscular ―o El arte de estropearme con estilo― en el blog recuncar.com)

Opiniones de los lectores
Nota: 4.3 sobre 5 😉 4 voto(s)
Share