PEITO DE BRONCE (O LA NARRACIÓN DE LA VIDA DE UN HOMBRE DE ALDEA) (PROFUNDA CORRECCIÓN) (2026)

INTRODUCCIÓN DE «PEITO DE BRONCE»

Hay libros que nacen de la tierra, como nacen los robles o los arroyos. Peito de Bronce es uno de esos libros. Cuando hace muchos años, en el Correo Galego de Santiago de Compostela, después bautizado como Galicia-Hoxe y dirigido por José Manuel Rey Novoa, hubo dos personas que me dieron el visto bueno para escribir una vez por semana en gallego, en un gallego estudiado en Madrid con bastantes limitaciones: Miguel Seoane y Charo Barba.

Entonces quise escribir la vida de un hombre de aldea: Peito de Bronce. Sin hablar con nadie, solamente con la ayuda de los correctores del periódico, que en ningún momento tocaron el contenido de los textos. Mi cabeza era la que recreaba las situaciones y lo narrado. Quien me conozca bien sabe que siempre tuve grandes problemas con la memoria, que hoy en día se han acentuado. En aquellos tiempos yo no tomaba nota de nada y lo dejaba todo «al albur» de mi capacidad memorística.

Peito de Bronce no es solo la historia de un hombre, sino el retrato íntimo y sincero de una vida labrada en las aldeas, en los campos y en los silencios de una tierra aldeana que sentía por encima de todo.

Cada capítulo, breve como un aliento, es una ventana abierta al mundo interior de un hombre y de su familia que, sin grandes gestos ni palabras altisonantes, construye su existencia con dignidad, esfuerzo y apego a la tierra.

El protagonista, hijo de campesinos y carpinteros, nace en un tiempo de escasez y esperanza. Su infancia transcurre entre juegos humildes y tareas que lo van moldeando, como el hierro en la forja. La familia es su primer universo: los padres, los hermanos, los vecinos, todos forman parte de una red de afectos y deberes que dan sentido a la vida. El trabajo, duro y constante, es el eje alrededor del cual gira su juventud y madurez. No hay épica, pero sí verdad. No hay héroes, pero sí gente que resiste, que ama, que lucha sin ruido.

La aldea, pequeña y aparentemente olvidada, es el escenario donde se desarrolla esta historia. Cuando la escribí por primera vez no había tantas posibilidades como hoy de huir a la ciudad o a cualquier sitio. Pero la aldea no es un lugar cualquiera: es un microcosmos de humanidad, de tradición, de memoria. A través de las estaciones, de las fiestas, de las pérdidas y de los encuentros, el lector va descubriendo un mundo que, aunque humilde, está lleno de belleza y significado.

Este libro, en su versión en castellano, es también un homenaje a Galicia, a su capacidad para nombrar lo íntimo, lo cotidiano, lo esencial. Cada palabra está escogida con cuidado, cada frase respira autenticidad. Peito de Bronce es, en definitiva, un canto a la vida rural, a la vida silenciosa de quien habita los espacios olvidados, y a la fuerza de un hombre que, sin pretender ser ejemplo, acaba siendo símbolo.

Al lector que se acerque a estas páginas en mi blog, solo le pido que lo haga con calma, con ojos limpios y corazón abierto. Porque aquí vive un hombre de verdad. Y su historia merece ser escuchada. (Del libro Peito de Bronce en el blog recuncar.com)